Procurar mantener el contacto con el adepto (personal, por carta, telefónico, etc ...).
Tener presente que es víctima del grupo.
Solicitar ayuda a profesionales del área de la salud mental, (médicos, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales...), preferentemente con conocimientos sobre el fenómeno sectario.
Tener mucha paciencia, no ceder a las presiones y chantajes del adepto y del grupo.
Desconfiar de lo que dicen los adeptos: hablan por boca del grupo.
No dejarse atemorizar por el fabuloso poder económico del grupo. Hay que actuar con prudencia, pero con decisión.
