Debemos buscar vías que nos garanticen una actitud autónoma y crítica ante cualquier grupo.
Que las personas que formen grupos puede resultar muy valioso; no se trata pues de actuar en su contra, sino de identificar tendencias manipuladoras en determinadas organizaciones.
Quien no entra voluntariamente en un grupo a menudo no se da cuenta de los riesgos a que se somete. Los procesos de adoctrinamiento, el control de la información y del entomo y otras técnicas de manipulación determinan la existencia de control mental. Semejantes dinámicas son contrarias al funcionamiento de una organización abierta y honesta, así como a la libertad y responsabilidad del individuo.
Un proceso de control mental puede llevar a:
Restricción de la autonomía personal hacia pautas de vida rígidas y altamente limitantes.
Pérdida de la propia personalidad y reducción a una "personalidad de grupo"
Retroceso psíquico a fases evolutivas infantiles.
Pérdida de la capacidad de juicio y análisis crítico.
Miedo, sentimientos de vergüenza y de culpa.
Estados de agotamiento por una vida sobrecargada sin tiempo para el descanso.
Retroceso de los niveles de formación y de conocimientos técnicos y científicos.
Pérdida de los amigos externos al grupo.
Disminución de los ingresos necesarios para vivir y entrega al grupo de los bienes materiales.
Creación de un estado de dependencia de "experiencias filosófico-espirituales".
Posibilidad de ser presionado y sometido a chantaje debido al conocimiento que la o organización tiene de detalles íntimos del adepto.
Reducción de la libertad de decisión y de acción.
Trastomos psíquicos y psicosomáticos, disminución de los procesos de razonamiento, pérdida de la capacidad de concentración, alteración de la vida sentimental, disminución de la capacidad de tolerancia y afectación del habla y del lenguaje.
En grupos no manipuladores no aparecen estas consecuencias, ya que las organizaciones honestas hacen a las personas más abiertas, seguras de sí mismas, tolerantes, libres y conscientes de sus responsabilidades.